Escuchar cada una de sus palabras y el tono en el que las expresó me produjo un susto horrible, volteé a ver a Altair, parecía abstraída disfrutando de las papas fritas y los nuggets, ni cuenta se dio del significado de las palabras de Aleskey. Sentí un miedo terrible de que esto no fuera sino un juego de él para mantenerme aquí encerrada, a su merced, como me mantuvo la primera vez. Llevé ambas manos a mi pecho, como si con ello fuera a calmar el palpitar acelerado de mi corazón, cerré los ojos, no creyendo que este mi mayor sueño pudiera estarse haciendo realidad. “Los milagros no existen, por lo menos para mí”, me digo mentalmente negada a dejar que la ilusión me juegue una mala pasada. - Iliang háblame, no me dejes con la incertidumbre, toma –me dice entregándome una de las

