Preparándose para presentarse en su trabajo, Teo arregló su cabello frente al espejo, y una dulce risita escapó de sus labios sin poder evitarlo, tras encontrar la figura de Dominic y el pequeño Noah en el reflejo, ambos observándole con una expresión triste. —¿Realmente van a seguir colocando ojitos de cachorro cada vez que me prepare para ir a trabajar? —preguntó entretenido y se dio vuelta para enfrentarles—. Les creería el primer día, pero hoy cumpliré una semana —indicó. —Noah no se rinde fácilmente, y yo tampoco —expresó el alfa dominante con una cariñosa expresión—. Además, estamos seguros de que un día realmente podremos convencerte a faltar con estas expresiones, ¿cierto, cachorro? —Cierto —asintió Noah. Bajando de los brazos de su padre, el infante corrió la distancia y se es

