La mañana de Teo no había comenzado exactamente de la mejor forma. En realidad, sí lo hizo, pero no tuvo el final que esperó y... deseó tener. Como siempre que despertaba entre los brazos de su pareja, Teo tuvo su ración de besos dulces, con la única diferencia, que esta vez el joven humano se atrevió a ir un poco más allá, reuniendo todo su valor para tocar directamente aquel eje duro que, como cada mañana, se presionaba contra él. Aquella acción provocó que sus besos subieran de intensidad, volviéndose más acalorados. Sus caderas se comenzaron a agitar y pequeños ruiditos extraños escaparon de entre sus labios al sentir esas grandes manos ásperas acariciando su cuerpo. El deseo de ir más lejos surgió en Teo con dicho momento, pero en cuanto se lo pidió a Dominic, este se congeló, el ca

