—Es un imbécil, Jen —digo subiendo al auto y cruzándome de brazos —. Lo odio. —Y esa zorra sin escrúpulos debería irse al infierno y dejar de meterse en nuestros asuntos —dice Jen, tan enfadada como yo. Enciende el motor y lleva el coche a la salida. —Sabes, de ella me lo esperaba, pero no pensé que Kieran iba a creerle en vez de a mí. —La miro con perplejidad —. Ni siquiera me dio el beneficio de la duda. Se trago todas las mentiras de Lindy. —¿Qué haces, Tessa? No digas ese nombre maligno aquí. —Es una persona, Jen. Una pésima persona, aunque persona en fin, no un demonio al que podríamos invocar. —¿Estás segura? —observa por el rabillo de su ojo algo posicionado justo detrás de mí. Me volteo encontrándome con Kieran y la zorra junto al vehículo del primero. Los separan escasos ce

