—Entonces... —comienza Jen, ya sé a dónde se dirige ésta conversación—. ¿Desde cuándo, por qué y en qué lo estás "ayudando"? Poso mi mirada en ella con cierto cansancio. Derek no sabe guardar secretos, es un chismoso, por lo que no me sorprende que cuando llegué a casa de Abbi todas me estaban esperando impacientemente para bombardearme con sus preguntas. —Juro que voy a matar a Derek —digo entre dientes. —Luego lo matas... —habla Abbi haciendo un gesto desinteresado—. Ahora estamos hablando de algo muy importante, cuéntanos todo sobre Kieran Kavinsky —exige. —No hay mucho que contar: me pidió que lo ayudara a estudiar y le dije que sí —resumo vagamente. Derek me observa de reojo, sigue sin tragarse una palabra y actúa como detective tratando de descifrar cada uno de mis movimientos. —Tessa, queremos detalles. Detalles sucios, sabes de que hablo. —Me codea Mel juguetonamente. —Melany, apenas y aguanto verle la cara a Kavinsky y tú piensas que ya lo hemos hecho cinco veces. —Blanqueo los ojos—. Les aseguro que no tengo ni el más remoto interés en él. Los chicos así me dan asco. Ya deberían saberlo. Me levanto de mi lugar en el sillón y voy a la cocina. Sé perfectamente donde está todo, no es la primera vez que vengo a la casa de Abbi. Me sirvo un vaso de agua que tomo de un solo trago. Las chicas no tardan en entrar y reanudar nuestra conversación. —Theresa, es imposible que no sientas nada por él. Es Kieran —dice Jen con obviedad—. Es perfecto e inalcanzable, y tú pasarás horas con él "ayudándolo", la convivencia hará que cambien las cosas. Tienes que admitir que es muy guapo. Me apoyo en la mesada y trato de organizar mis pensamientos. —Es guapo, ¿y qué? También es un idiota. Jen echa hacia atrás su melena rubia y se cruza de brazos, me contempla como si no tuviera remedio, lo hace a menudo. Abbi me fulmina con sus ojos oscuros, parece ofendida de que haya llamado "idiota" a su amor platónico, los playboys son su debilidad. Para ella todos los musculosos y descerebrados de la escuela son como sus deidades. —Yo solo quiero tener el placer de poder decirte "te lo dije" cuando termines rendida a sus pies —dice Melany. Tomo un bol lleno de palomitas entre las manos y cuando estoy por salir de la cocina contesto con total convicción: —Eso jamás pasará. Nos sentamos junto con Derek y James quienes ya tienen un par de cervezas en la mano y vemos unas cuantas películas a las que no les doy mucha atención. Una maraña de pensamientos junto con mi ceño fruncido hacen que me ausente la mayoría del tiempo por mis divagues. Comienza a ser muy molesto todo este asunto de Kavinsky. ☆•☆•☆ Mi lunes parecía relativamente normal: me desperté con mi mal humor habitual de los lunes, desayuné una taza de chocolate, Jen pasó por mí en su auto con la música a todo volumen. Luego, tuvimos clase de Economía con Banks; Derek durmió, Melany y James no dejaron de darse miraditas de enamorados, Abbi estaba demasiado ocupada "admirando la belleza" de un m*****o del grupo de amigos de Kavinsky, y Jen y yo nos escribíamos por papelitos para no morir de aburrimiento. Lo normal. Hasta que, en el almuerzo, uno de los esclavos de primer año del Rey Kieran se acercó a nuestra mesa: —¿Theresa Grier? —pregunta el pobre sin elevar mucho su tono, todos me señalan a mí mientras yo alzo la vista y trago la comida como puedo—. Esto es para ti. Me entrega un pedazo de papel doblado por la mitad. Espero a que se retire para leerlo con todos los ojos curiosos de mis amigos encima. El parque Wells, mañana a las 5:30 p.m. Sabes que pasa si no vas. Kieran K. Estrujo el papel entre mis dedos, mi mandíbula se aprieta tan fuertemente que podría romperme un diente. ¿Quién se cree que es?, ¿mi dueño? Sé muy buen que el único motivo por el que hablamos es por ese estúpido video, pero podría ser más sutil, lo que acaba de hacer sobrepasa la idiotez. Me pongo de pie y lo busco entre todos los presentes. Lo diviso en la mesa de los populares —el mejor lugar de todo el comedor, con la mejor ubicación y la mejor vista—, rodeado de —su Corte Real— chicas huecas y chicos que piensan con sus testículos, igual que él. Espero a que sus ojos se crucen con los míos. Cuando estoy segura de que me está viendo rompo el papel en dos y lo tiro a la basura. Si quiere ir a delatarme con mi hermano y mis padres que lo haga, me importa un comino. Empujo las dos puertas amarillas con una fuerza excesiva y salgo de la cafetería. Los pasillos están totalmente desiertos, irreconocibles para lo abarrotados que suelen estar. Atravesarlos es más fácil que de costumbre, hasta que alguien me toma del brazo empujándome contra los casilleros. —¿Qué haces? —¿Tú que haces? —Kavinsky mantiene mis brazos apretados para que no pueda escapar—. ¿No sabes quién soy?, ¿no sabes todo lo que te puedo hacer? —Aprieta su agarre enfatizando su ira y sus amenazas. Lo miro directamente a sus ojos, más grises con cada segundo que pasa. Tenerlo tan cerca me produce terror y pánico. Claro que sé de qué es capaz. Sé que esto terminará realmente mal para uno de los dos y la balanza no está precisamente a mi favor. Escondo mi miedo lo mejor puedo sin dejar de sostenerle la mirada y simular que estoy bien. —Toda la escuela sabe quien eres —digo en un tono indiferente—, Kieran Kavinsky, el imbécil que pasa más tiempo entre las piernas de una chica que respirando. Me aprieta más contra las taquillas haciendo que el cerrojo de una de ellas se entierre en mi espalda y suelte un quejido de dolor. —Te crees muy lista y solo actúas como una tonta —dice con desprecio—. Todavía puedo mostrar el video. —¿Crees que así conseguirás algo de mí? —digo con incredulidad—. Te aseguro que así no te diré ni la hora. Dices que quieres mi ayuda, aunque no dejas de amenazarme cada cinco segundos y de empujarme contra los casilleros, cuando sabes que no podría vencerte ni con todas mis fuerzas. Me doblas en tamaño y aún así sigues obstruyendo mi espacio personal... —Le dedico una mirada gélida y sombría —. No eres el único que puede tomar parte en el juego de las amenazas. Esta escena no se ve nada bien, podría gritar ahora por ayuda si quisiera. —Alzo una ceja desafiante. Sus manos me sueltan permitiéndome volver a tener estabilidad y control sobre mi cuerpo. Me acomodo la ropa mientras Kieran me evalúa con su semblante endurecido. —No tengo el más mínimo interés en jugar al gato y al ratón contigo —le aclaro—, en lo que a mí concierne soy una persona civilizada, aunque, no puedo decir lo mismo de ti, pero podemos llegar a un acuerdo —propongo. —¿Qué acuerdo? —Quiero el video y todas las copias esta tarde —demando seriamente. —No —dice firme. —Bien. Entonces no será necesario que te siga ayudando... —Alzo ambas cejas. —La respuesta sigue siend.... —Escucha —lo interrumpo—, te propongo que hoy eliminemos todas las copias de ese video y ya que tú no dejarás de chantajearme tan fácilmente quiero que me digas qué quieres... Se toma un momento para pensar. —Borraremos las copias, pero dejarás que conserve el video original y solo si consigues que bese a Lindy mañana, te lo daré para que hagas lo que quieras con él. —Bien —acepto con cierta molestia. —Pasaré por ti a las cuatro. Mas te vale que estés lista. La campana suena justo cuando empieza a alejarse. El pasillo se llena de personas, en su mayoría desconocidos, tratando de llegar rápidamente a donde sea que deban ir, sin importarles las veces que me atropellen. Mi mirada sigue perdida entre la gente que avanza a contracorriente mientras pienso qué diablos haré para que Lindy lo bese. Se supone que debería ser sencillo. Es un playboy, ¡por Dios! Me quedo estática por unos minutos más hasta que casi me caigo de manera demasiado vergonzosa al suelo. Por suerte solo me tambaleé un poco; estamparme contra el suelo frente a todos, el día que estoy llevando mi vestido favorito no es algo que desee. Muevo mi trasero lejos de allí. Será mejor que piense algo, y rápido, si quiero que esto se termine de una maldita vez.