Una semana después
Hoy es mi primer día de vacaciones universitarias y también mi primer día trabajando de tiempo completo como la asistente del señor Orlando, admito que me encanta mi trabajo, estos pocos días que llevo trabajando para él, han sido satisfactorios, es un jefe muy atento y me explica cada detalle de los proyectos, pide mi opinión en cuanto a temas de diseño, aunque me pongo muy nerviosa cuando me pide que lo acompañe a algún sitio, a pesar de que siempre tenemos algo que decir, tengo miedo de un día mi lengua comience a trabarse frente a él, por los nervios que siento al tenerlo tan cerca.
Me encuentro organizando la agenda de mi jefe cuando veo un evento que me deja pensativa, sábado 13 de diciembre: fiesta de cumpleaños de Violeta Trovato. Tenía la noción de que ambas familias pertenecían al mismo círculo social, pero ahora mismo me pregunto ¿qué tan cercanas son como para que mi jefe tenga que asistir al cumpleaños de esa mocosa insoportable?
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Sábado por la mañana
Ahora mismo camino entre los pasillos de uno de los almacenes más prestigiosos de la ciudad en busca de un regalo de cumpleaños para la hija menor de Octavio Trovato. Muchas preguntas llegan a mi cabeza, ¿Stella estará ahí? Si no, quiere decir que en verdad algo malo le ha ocurrido y si es así ¿por qué esos imbéciles festejan como si nada?.
Elijo un lindo brazalete con incrustaciones de zafiro, el señor Orlando me ha indicado que no escatime en el costo, sus palabras exactas fueron "Violeta es una chica muy refinada, acostumbrada a lo mejor, así que no te fijes en el costo, solo consigue un regalo adecuado para ella” . Cuando el encargado de la joyería me indica el costo de dicho brazalete, estoy a punto de irme de espaldas al escuchar semejante aberración.
Cuando salgo de la joyería le marco a mi jefe para indicarle que ya tengo el regalo.
— muy bien. Rowan, muchas gracias, sabía que podía contar contigo. Rubén está esperándote en el estacionamiento.
— si señor ya voy para allá.
Mientras camino para encontrarme con Rubén, el chófer de mi jefe, no puedo evitar pensar en que este regalo vale lo mismo que le costó al señor César comprar mi virginidad y de pronto mi mente comienza a maquinar un sin fin de ideas... Recuerdo las palabras de Verónica diciéndome que era como una especie de regalo, ese día se celebraba la fiesta de cumpleaños de un hombre importante y yo sería su regalo, lo primero que pienso es que alguien pago por mí para entregarme al señor César, pero ese día no era su cumpleaños, si no el de mi jefe y lo sé por qué se comentó en toda la agencia. No puedo evitar preguntarme si yo era el regalo del señor Orlando, en qué habría pasado si él hubiese ido a la habitación esa noche, si es que me acosté con el hombre equivocado.
Cuando llego con Rubén le entrego la caja con el brazalete. — toma, es el regalo que me pidió el señor Orlando —digo antes de intentar marcharme
— ¿a dónde vas?
— a casa
— el señor me pidió que te llevara con él
—¿qué? Bueno eso no lo mencionó hace un momento.
—específicamente me pidió que te llevara a ti junto con el regalo — resignada subo al auto, aunque no entiendo para que mi jefe quiere que vaya a su casa.
Me hago pequeña cuando me doy cuenta de que entramos a la misma zona residencial en dónde se encuentra la casa de la familia Trovato y me pregunto ¿por qué el mundo es tan malditamente pequeño?
— hemos llegado — dice Rubén al estacionarse frente a una enorme y lujosa residencia.
— el señor la espera dentro.
— muchas gracias — tomo la caja, mi abrigo y mi bolsa y voy hasta la entrada, una señora muy amable me lleva hasta la sala — el señor bajará en un momento
— muchas gracias
— ¿gusta algo de beber?
— agua por favor
— en un momento se la traigo — la mujer sale de la habitación mientras yo permanezco parada admirando la elegante decoración. De pronto una foto llama mi atención, un pequeño y tierno señor César cargando a un bebé gordo de cabello rubio y justo a lado de ellos un pequeño muy lindo, mostrando la sonrisa distintiva que lo caracteriza.
— éramos adorables — dice una voz junto a mi oído. Doy un brinco por la impresión y cuando volteo, veo a un hombre muy apuesto de cabellera dorada y ojos verdes.
— mucho gusto, Paul Kouris… me imagino que tú eres la asistente de mi hermano
— mucho gusto, Rowan Zanella.
— mi hermano me pidió que te hiciera compañía mientras bajaba, aún se está terminado de vestir. Sabes, él me habló de ti, dice que vamos en la misma universidad, ¿me pregunto como es que no te había notado antes? Eres demasiado hermosa para pasar desapercibida — mis mejillas se sonrojan ante sus osadas palabras. Comienzo a sentirme incómoda mientras me pregunto ¿quién se cree este pequeño cretino para hablarme de tal modo?
— ¿por qué estás incomodando a Rowan? —una voz familiar resuena en la habitación, al voltear veo su imponente figura parada en el umbral de la habitación.
— lo siento, no era mi intención, solo estaba jugando — dice el hermano menor en forma de disculpa — iré a ver por qué está tardando Orlando— dice antes de salir corriendo
Mi cuerpo se tensa cuando César y yo quedamos solos en la habitación, este atraviesa todo el lugar hasta llegar a un elegante sillón individual.
— ¿por qué no tomas asiento?, ¿no es cansado estar de pie con esos tacones tan altos? - me vuelvo a sonrojar cuando me doy cuenta de que su mirada está fija en mis piernas, rápidamente tomo asiento en uno de los sillones al otro extremo de la habitación..
— dime ¿te gusta tu nuevo trabajo?
— si.
— me alegro por ti - nuestras miradas se encuentran y una vez más las imágenes de aquella noche vuelven a mi mente, sintiendo que estoy a punto de arder en llamas.
Nuestro intercambio de miradas es interrumpido cuando mi jefe entra a la habitación, César desvía la mirada mientras aclara su garganta.
— una disculpa Rowan, no quería hacerte esperar.
— buenos días, señor, no se preocupe, no pasa nada — me levanto del sillón y me acerco hasta él para entregarle la bolsa de regalo
— aquí tiene lo que me pidió
— muchas gracias, me hiciste un gran favor.... la verdad es que no me gusta ir de compras y menos por un regalo de cumpleaños.
— no fue nada señor, es mi trabajo. Si no necesita nada más, me retiro.
— Rowan, la verdad es que sí necesito algo más.
— ¿sí?
— quería preguntarte si quieres ir conmigo a este evento
— ¿yo? — pregunto sin poder controlar mi reacción, mi cara confundida dice más que mil palabras
— ¡eh! Si - dice mientras sonríe con su típico encanto
— pero… ¿Por qué necesita que vaya con usted? ¿Hay algún asunto relacionado con el trabajo?
Las mejillas del señor Orlando se sonrojan levemente ante mi cuestionamiento y es cuando me doy cuenta de que estamos siendo observados por dos pares de ojos curiosos. — es decir... no quiero ser descortés solo me ha tomado por sorpresa su petición.
— no te preocupes. No tiene tanto que ver con el trabajo, pero te servirá para relacionarte con nuestros socios y gente importante... es el cumpleaños de la hija menor de nuestro abogado e irán muchas personas importantes…
Maldigo por dentro mientras me debato en sí debo o no de acompañar a mi jefe a esa fiesta. Octavio me ha dicho que no quiere que lo relacionen conmigo, supongo que si me aparezco en ese evento, seré tratada con indiferencia por ellos. ¡No sé qué hacer!
— la verdad es que no sé si sea adecuado que yo vaya a ese evento, supongo que se trata de una reunión íntima y no me gustaría que la gente se incomodara por mi presencia.
— no veo por qué se tendrían que incomodar, tú serías mi acompañante. Pero bueno, entiendo tu punto
Después de asimilarlo un momento decido aceptar la propuesta de mi jefe, tengo muchos deseos de saber algo de mi hermana y si voy a ese lugar puede que me entere de algo.
— está bien, solo que no estoy vestida para la ocasión.
— puedes pedirle a Rubén que te lleve y después yo paso por ti.
— bueno, entonces nos vemos más tarde
— si
— con permiso - digo para despedirme del resto de los presentes en la habitación
— adelante.