¿Como llegamos a esto?

1533 Words
¿Cómo llegué a esto? Era lo que Marcus se preguntaba mientras jugaba con el hielo dentro de su trago. La música de fondo de aquel lugar no llega a sus oídos, ni siquiera las agradables y atractivas señoritas que han llegado a su lado con una sonrisa y voz coqueta han logrado captar su atención. Se encuentra allí sentado pero es como si no estuviera, su mente se encuentra divagando en aquel momento por los recuerdos pasados. Recapitulando cada cosa, cada imagen, hizo un largo viaje hacia atrás tratando de encontrar la razón de la situación en la que se encontraba. Se vió allí, sobre el enorme sillón, con sus pequeños pies colgados, balanceándose lentamente y con una gran sonrisa en sus labios mientras observaba como su madrina se acercaba a él con aquella pequeña envuelta en sus brazos. Apenas tenía 8 años cuando sostuvo por primera vez en sus brazos a Pamela Spencer. Era tan pequeña, regordeta y blanca, solo sus pequeños labios y sus hinchadas mejillas tenían un lindo color rojizo. Fue la primera vez que sus ojos y los de Pam se cruzaron, mientras una veía con curiosidad, el otro veía con alegría y cariño. Miradas llenas de inocencia y pureza, miradas que dieron paso a un amor diferente y especial. Siendo el primero en nacer dentro de la familia Parker, Marcus terminó por convertirse no solo en el hijo mayor de su propia familia sino también de la familia Spencer quienes eran los mejores amigos de sus padres desde la infancia. Durante 2 años fue criado por ambas familias con mucho amor y cuidado, mientras los Spencer seguían en busca de un hijo propio, se encargaron en volcar todo el amor que tenían guardado en su pequeño ahijado. El tiempo fue transcurriendo y de pronto Marcus quien hasta ese momento era considerado el único hijo de ambas familias, se había convertido en hermano mayor. Con la llegada de Cameron Spencer y pocos meses después de su hermana Ella, Marcus empezó a sentirse menos solo y más feliz. Ahora habían dos pequeños con los cuales podría compartir pero también a quienes debía cuidar ya que seguía siendo el mayor. Años después a ellos se unía Liam Spencer y por último Pamela, a excepción de las diferencias entre su hermana Ella y Cameron Spencer, la relación entre los cuatro fue la de una verdadera hermandad. Los más pequeños seguían al mayor, lo amaban y respetaban, sobre todo Ella y Pam. Fueron muchas las veces en las que sostuvo a Pam entre sus brazos hasta quedarse dormida. Muchos los chocolates y caramelos que escondió para regalarselos y muchas las veces que se iba a los golpes con algunos niños cuando la molestaban. Era su hermanita, a quien debía cuidar ¿Por qué había cambiado eso? ¿Por qué ahora se encontraba allí sentado pensando en ella de otra manera? ¿Por qué se había atrevido a tocar su cuerpo de aquella forma tan atrevida? ¿Por qué le había permitido acercarse a él de aquella forma tan íntima? ¿Por qué no podía ya pensar en ella como su pequeña hermanita? ¿Por qué? ¿Por qué? Sacudió con agresividad su pelo mientras resoplaba y maldecía tratando de borrar todos esos pensamientos. Aquella acción sorprendió al sonriente bartender quien se acercó preocupado al joven que finalmente había salido de sus pensamientos. - ¿Se siente bien?.- Preguntó preocupado. - No.- Sonrió.- Me siento como la mierda. - Un mal día ¿Cierto? - Si solo fuera un mal dia.- Rodó los ojos.- Dame otro trago.- Deslizó su vaso. - Lo siento pero ha tomado suficiente.- El joven alejó el vaso. - ¿No se supone que es beneficioso para ustedes que uno tome hasta acabar todo?.- Levantó su mirada buscando los ojos del bartender. - Bueno.- Tarareó.- No le niego que para mi sería más fácil dejar que continúe tomando..- Negó.- Pero luego me sentiría culpable si le sucede algo. - Bien…- Asintió.- Entiendo. Gracias por la consideración.- Levantó su mano y observó su reloj.- De hecho, creo que mejor me marcho, ya es muy tarde. - ¿Le llamo un taxi? - ¿Tampoco se me permite conducir?.- Mostró molestia. - Ya le dije que… - Si, si…- Agitó su mano.- Ya entiendo.- Sacó su móvil de su bolsillo y marcó.- Imagino que eres un hermano mayor. - ¿Cómo lo sabe?.- Sonrió. - Porque yo también soy como tu. ¿Hola?.- Le habló a la persona al otro lado de la línea. - Marc ¿Qué pasa? ¿Sucede algo? - ¿Estabas dormido? - No, preparaba unos documentos para mañana. ¿Necesitas algo? - ¿Podrías venir a recogerme?.- Se quedó viendo al bartender.- No dejarán que me mueva de aquí si alguien no me recoge. - De acuerdo, enviame la dirección. - Ya te la mando. Oye… - ¿Si? - No le digas a mi hermana. - Tarde. Ella está a mi lado escuchándote. - ¡Mierda!.- Siseó. - ¿Que estás haciendo fuera a estas horas grandisimo idiota?.- La voz de Ella Parker se escuchó. - ¡Ya me voy a casa!.- Gritó con fastidio.- ¡Y tú despegate de la falda de mi hermana y ven a buscarme! Te estaré esperando.- Colgó y luego vio al bartender.- ¿Feliz? - Digamos que sí.- Sonrió al ver lo fastidiado que se encontraba el joven frente a él. - ¿Puedo tomar otro trago? De todas formas vienen por mi. - Claro.- El joven vertió un poco de zumo de naranja en el vaso.- Provecho.- Se alejó. - Genia.- Sonrió con disgusto.- Ya ni siquiera puedo ahogarme en mi miseria como quiero. …….. Era muy tarde en la noche cuando Pamela Spencer había decidido regresar a casa de sus tíos. Descalza y sosteniendo sus tacones, caminó en puntillas por el lugar tratando de no hacer ruido alguno. Aquella noche lo que había sido planeado como una tranquila fiesta de despedida, terminó convirtiéndose en una intensa noche de tragos y bailes. Era su última noche en Filipinas luego de una larga estancia, al principio aquella visita había sido programada por solo unos pocos meses pero de pronto aquel tiempo se extendió convirtiéndose en un periodo de año y medio. Se quedó en aquel país, junto a sus familiares, dejando atrás la vida que ya tenía en Canadá. Se sentía bien en aquel lugar, podía divertirse cuanto quisiera, salir, bailar, disfrutar junto a sus amigos pero también podía mantenerse alejada de aquella persona. Más que unas vacaciones, Pamela había tomado aquel viaje como un escape. Quería poner distancia entre ella y Marcus Parker, una distancia que le impidiera correr hacia él cada vez que lo extrañara. Una distancia que le permitiera mantener intacto su orgullo y fuerza de voluntad. Desde aquel día en que Marcus le gritó al rostro una gran cantidad de palabras hirientes, decidió que había sido suficiente. Siempre había sido ella quien corría tras él, quién se atrevía a decir lo que sentía e incluso lo que quería, quien daba el primer paso. Si, era consciente de que la forma en la que se había acercado a él desde el principio no era la correcta pero esta era la única que conocía. Era una principiante en el amor, si bien antes tuvo una que otra aventura un tanto romántica con algún chico, estas fueron fugaces y los sentimientos nunca se habían visto involucrados. Era la primera vez que se enamoraba y aunque era un tanto torpe e impulsiva, todo lo que decía y sentía era real pero al parecer para Marcus esto no era suficiente. Nunca dejaría de verla como a una niña, como a la pequeña hermana que fue depositada en sus brazos desde pequeña y esto era algo doloroso pues la niña había quedado, ahora quien se encontraba allí era la mujer. Había sido rechazada, alejada y obligada a madurar por el único hombre que en verdad se había adueñado de su corazón. - Prima.- Una joven de pelo n***o salía de la cocina. - Pensé que estabas dormida.- Se recostó en el sillón de la estancia. - Vine por un vaso de leche. Sabes que mañana viajas temprano ¿Por qué llegaste tan tarde? - Ya sabes como son los demas.- Rodó los ojos.- No querían dejarme ir. - ¿Seguro fue a causa de los demás? .- Vio con incredulidad a su prima quien resopló al escuchar sus palabras. - No vamos a empezar.- Volvió a tomar sus tacones y caminó hacia las escaleras tratando de evitar a su prima. - ¿De nuevo estás evitando regresar? - No es eso.- Subió las escaleras sin mirar a la joven a sus espaldas. - Tus papás quieren que regreses, dicen que ya fue suficiente. - Lo sé.- Molesta volvió a resoplar. - Se que no quieres regresar porque no quieres encontrarte con… - ¡No es eso!.- Se giró hacia la joven notablemente molesta.- Ya lo superé ¿De acuerdo? - Si tu lo dices.- Se encogió de hombros. - Lo digo.- Asintió.- Ya lo superé.- Se dio la vuelta y retomó su camino.- Marcus Parker ya no significa nada para mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD