—No quería perder a nadie más Keller. Maye se levantó de la silla que había instalado frente a mí y se fue sin dirigirme la mirada, dejándome como un verdadero idiota. Unas ganas explosivas de romper cosas me consumieron. Comencé a caminar de un lado a otro. Estaba fúrico, ¿acaso no fui yo el que juró no tener secretos con ellos? ¡Era la peor de las burlas! Todos estos años ella se mantuvo queda, al igual que Anex. Dos de las tres únicas personas en vida a las que les confiaba mi mundo me habían fallado. Maldición. Di un golpe certero a la pared de piedra, no sentí dolor. Mi ira no parecía apaciguarse. —Keller… Oí de fondo congelándome unos segundos. Respiré lento, intentando serenarme. — ¿Qué tanto escuchaste? —Al menos desde que dijo que no dañó mi cerebro. —Comprendo. Me giré a

