Jeremy Debería intercambiar y huir, como dijo. Debería soltar su mano, tomar mis gemelos y volver a casa. Pero todo lo que me espera en casa es vacío. Un vacío tan espeso y pesado que apenas puedo sostenerlo. —No estaba tratando de evitar lo incómodo de la mañana después. No es por eso que me fui. —No tenemos que hacer esto… Exhalo un aliento áspero. No hay forma de suavizarlo si quiero que me crea y me perdone. Aunque no debería importarme que ella perdone mis pecados, sí me importa. —Enterré a mi esposa hace dos años —la interrumpo. Sus ojos se abren en platos azules bebé—. Pero ella era mucho más que eso. Madeline era mi —busco la palabra correcta, mi pecho apretado, sabiendo que no hay una para describirla— mundo desde que empecé la universidad. —Un pedazo de tu alma —susurra las

