Javier Quiero decirle que sí al instante. Quiero tomar su pequeño cuerpo perfecto, al que amo tanto, y besarla hasta mañana, pero no me muevo. Solo la miro, preguntándome si va a destrozarme otra vez. Preguntándome cuánto durará esta nueva Keny antes de que las viejas heridas vuelvan a abrirse y me la arrebaten. —Estoy lista, Javier— dice, como si leyera mis pensamientos. Da un paso adelante y extiende la mano, apoyándola en mi brazo. Su contacto es como el mejor tipo de fuego sobre mi piel. —No estaría aquí si no lo estuviera. Por eso me mantuve alejada tanto tiempo. Estoy lista y te amo, y nunca volveré a hacerte daño— promete. Bajo la cabeza y nuestras frentes se tocan. Un suspiro pesado y tembloroso escapa de sus pulmones cuando cierra los ojos. —Te extrañé— susurro, mirándola de

