Ivy Haciendo rodar la cabeza de un lado a otro, intento en vano liberar los nudos tensos de mi cuello. Ocho horas de trauma sin parar tienen una forma muy eficaz de dejarme hecha polvo, pero el resultado sin duda valió uno o dos tirones musculares. Un chico de dieciocho años con dos heridas de bala en el pecho. Un accidente automovilístico en el que estuvo involucrado un niño pequeño. Y una chica de quince años que sufrió una sobredosis. Santo cielo, fue espantoso. Pero sobrevivió, y con un poco de suerte esto será suficiente como llamada de atención para sacarla de la calle y alejarla de las drogas. Aún con toda la basura que he visto en mis años arreglando cuerpos de niños, sigo teniendo esperanza. No soy de las que se rinden con la gente. Ese pensamiento me provoca ganas de reír,

