Ivy Conducimos unos diez minutos entre el tráfico matutino del lunes antes de que Luke se desvíe hacia una entrada contigua a su edificio, antiguo, de ladrillo y precioso. Introduce un código en un teclado y una gran reja de hierro n***o se abre, permitiéndonos el acceso a un pequeño estacionamiento en la parte trasera. Aparca la motocicleta junto a las dos puertas posteriores y me ayuda a bajar. Disfruté el paseo, pero creo que mis días en esa cosa han terminado. —¿Por qué tantos teclados? —pregunto mientras introduce otro código más en una de las puertas traseras, que emite tres pitidos y cambia la luz de rojo a verde. Luke abre la puerta y me hace un gesto para que pase delante de él. —Es más seguro que una cerradura normal. —¿Y una seguridad así es necesaria para ti? —señalo la cá

