Ivy Estoy cálida y cómoda, terriblemente cómoda, mientras la luz apagada del exterior se extiende sobre mi rostro. Me muevo un poco en la cama y unos brazos fuertes y musculosos me rodean, atrayéndome hacia un pecho aún más sólido. —¿Qué hora es? —pregunto con voz ronca, todavía cargada de sueño. —Hora de levantarse —dice Luke, aunque no hace el menor intento de hacerlo ni de dejarme hacerlo a mí. Hundiendo la nariz en el hueco entre mi cuello y mi hombro, empieza a cubrirme de besos suaves y dulces. —¿Cómo es posible que tengas tan buen sabor? Me río cuando me hace cosquillas. —Lo digo en serio, doctora. Quiero una explicación médica, porque se me hace agua la boca y estoy usando todo mi escaso autocontrol para no voltearte boca arriba y devorar cada centímetro de ti. —Eh… —¿acaba

