Javier No sé qué decirle. Ojalá fuera una de esas personas que siempre saben qué decir. Que pueden soltar palabras sabias, anécdotas y tonterías que convierten el mundo en arcoíris. Pero no lo soy, así que simplemente la abrazo y la sostengo lo más fuerte que puedo para que sepa que no está sola. —Siempre pensé que era una persona que sabía perdonar, y siendo sincera, no le había dedicado mucho pensamiento a ese maldito durante años. Pero ahora ha vuelto a invadir mi mundo, y no puedo perdonarlo, Javier. No puedo. Se aparta un poco para mirarme, con una expresión de dolor tan profunda que me rompe el alma. —¿Eso me convierte en una mala persona? —Keny, cariño, el simple hecho de que te preocupes por eso demuestra que no lo eres. No creo que muchas personas pudieran perdonar de verdad

