GABRIEL Dentro del vestíbulo, colgué mis llaves en el gancho y me quité los zapatos. Eran las nueve de la noche, y por fin estaba en casa. Los últimos días habían sido largos, pero no me importaba. Las horas volaban cuando hacías algo que amabas. Además, el trabajo intenso me había venido bien. Me ayudaba a mantener la mente alejada de Tessa. Tres días y contando desde que salió de mi oficina. La idea de no volver a verla me retorcía el pecho, pero era lo mejor. En la cocina, saqué una de las comidas que mi ama de llaves había preparado para la semana. Le añadí una cerveza y estaba listo. En el porche trasero, encendí las luces de guirnalda y saqué mi celular personal. Durante las horas de trabajo lo mantenía en silencio en el escritorio y usaba el del despacho. Diez mensajes de tex

