Theo Al llegar al camino de entrada de la casa de la abuela, no hay duda de que la casa es una zona de construcción. Hay montones de herramientas y madera esparcidos por todos lados. Hay una lona sobre la mitad del techo y una montaña de tejas viejas y podridas esperando a que llegue el contenedor la próxima semana. —¡Hola, jefe! —grita Everett desde una escalera al escuchar que cierro la puerta del auto—. Estaba a punto de tomar un pequeño descanso. ¿Vienes para un recorrido? —Claro. —¡Genial! Tengo mucho que mostrarte —dice, poniendo los pies en el suelo. Es impresionante cuánto trabajo ha podido hacer Everett con solo él y su pequeño equipo. Caminamos alrededor de la casa, y él señala las diferentes reparaciones con estimaciones de cuándo estarán terminadas. —Estoy tratando de pri

