Dos semanas después El aroma del café recién hecho se cuela entre mis sueños, intentando sacarme de ellos. Es intenso y ahumado. Probablemente un tueste oscuro. —Hola —llega mi llamada de despertar con un empujón—. Dormilona —agrega Scarlet por si acaso. Gimo, abriendo un ojo. —¿Qué clase de persona no duerme hasta tarde en su día libre? —gruño, cubriéndome la cabeza con la manta. —La clase que sabe que solo conseguirá la mejor fruta si llega temprano al mercado de agricultores. ¿No te divertiste el fin de semana pasado? Pensé que podríamos repetirlo. Su remordimiento funciona. Salgo de mi cueva de mantas y tomo el café. —Al menos vuelve a la cama conmigo mientras me despierto —digo, volviendo a colocar la colcha en su lado. Scarlet se ríe mientras se acomoda en su lugar habitual.

