Ivy Sonrío, me inclino para besar la mejilla de mi padre y me recuesto, fingiendo interés por el partido. —Sabía que podía contar contigo. Soph dice hola, por cierto. —¿Sigue viniendo el mes que viene? —No lo sé, dijo que… —Maldito imbécil, patea la jodida pelota —grita mi padre a la tele, cortándome. —Baja un cambio, papá, te va a dar un derrame. —Ivy, mi niña, a menos que yo tenga menos de veinte años, no me vas a dar consejos médicos. O te sientas aquí a mirar o te vas —dice con ese tono paternal cariñoso. —Solo se preocupa por usted —aporta Luke con una sonrisa enorme que deja claro que sabe que está provocando al león. —Y tú harías bien en callarte, porque ya no me caes bien. —Te estás volviendo un viejo cascarrabias en tu avanzada edad, ¿no? —¿Acabas de defenderme? —pregun

