Ivy Deslizo la taza hacia su lado bueno, pero ni siquiera se mueve, y me pregunto si se habrá quedado dormido cuando pregunta: —¿Está envenenado? —¿Envenenado? —respondo, sin entender a qué se refiere. Levanta la cabeza y me dedica una sonrisa engreída, mirando la taza negra humeante y luego a mí. —Sí, ya sabes, con arsénico o Clorox, o algo igual de tóxico. —Ah —se me escapa una risa—. No, aunque quizá sería una mejora si lo estuviera. —Ja —masculla, pero veo el humor bailando en sus ojos—. Gracias por el café —hace una pausa—, y por venir esta noche. Seguro que Javier te despertó. Me siento realmente estúpido por todo esto. Los ojos de Luke abandonan los míos para concentrarse en la taza; sopla el vapor antes de dar un sorbo y vuelve a apoyar la cabeza en la encimera. —Puedes ir

