Melanie —¿Por qué no pudo cruzar la calle el papel higiénico? —pregunta el adorable niño de nueve años que ha estado coqueteando conmigo toda la noche. —¿Por qué? —sonrío. Ya conozco ese chiste. No es el primer niño que entra por estas puertas e intenta contar bromas para desviar el dolor o la realidad. —Porque se quedó atorado en la raja. Y sí, todavía me río porque es un buen chiste y él lo cuenta con tanta emoción. El pobre chico con diabetes tipo 1, que tiene un terrible tiempo tratando de mantener sus niveles de azúcar controlados y está en CAD—cetoacidosis diabética—me mira radiante. Es realmente lindo. Algún día volverá locas a las chicas. —Genial. ¿Lo inventaste tú, hombre gracioso? Si es posible, su sonrisa se ensancha aún más. Niega con la cabeza, sonrojándose un poco. —No

