RINA Al segundo siguiente, Brecken vuelve al sofá, deja su copa en la mesa y se acerca. Justo hasta la punta de mis pies, sus manos sobre mis rodillas y sus ojos en los míos. —Me alegra que me lo hayas contado. Sé por qué lo hiciste, aunque estás jugando a que esa fue la razón por la que te convertiste en enfermera. Estás tratando de advertirme. Y quizá tengas razón en eso. Solo estoy en Boston hasta que ya no tenga que estarlo. Pero Rina, nunca dañaría un cabello de tu cabeza. Nunca. Sin importar lo que ocurra o no entre nosotros, necesito que sepas que siempre estarás a salvo conmigo. —Brecken… —Lo sé. No sales con nadie. Entiendo, y ahora creo que entiendo aún más. —Sabes que es más que eso. Tú misma lo dijiste. Soy multimillonario. Tú tienes dinero. —Hago un gesto con la mano por s

