ERIN Un año después —Así está mejor —dijo Jenna—. Te ves tan guapo con tu camisa de niño grande y tu pequeño moño. Movió el moño de Milo, y el bebé pataleó y gorjeó. Un segundo después, sin embargo, orinó sobre su flamante camisa abotonada. Jenna ahogó un grito. —¡Oh, Dios mío! —Y por eso —me reí— siempre hay que llevar mudas extra de ropa. Jenna se dio una palmada en la frente. —O ponerle el pañal inmediatamente después de quitarle el viejo. Del bolso de pañales de Milo, saqué un mameluco limpio y unos pantaloncitos cortos. —¿Listo para vestirte otra vez? —le pregunté a mi bebé de seis meses. Se agitó e hizo pucheros, fastidiado por tener que estar acostado tanto tiempo. —Dale un segundo a mamá —le quité la camisa húmeda y le puse el mameluco seco. Jenna metió la ropa mojada

