Javier Sé que se ha ido incluso antes de abrir los ojos y extender la mano. La cama está fría. La casa, en silencio. El corazón me duele. Maldita sea, Keny, ¿cómo pudiste irte en mitad de la noche? Debí haber sabido que querría evitar una gran despedida. Debí haberlo esperado. Pero no lo hice. No lo hice, y ahora estoy destrozado por ello. Podría salir a buscarla. Intentar traerla de vuelta y hacer que se quede conmigo para siempre, pero no lo haré. No tiene sentido. Ella quería irse. —¡Joder! —grito, estrellando el puño contra las sábanas arrugadas de su lado de la cama. Me deslizo hacia su lugar y entierro el rostro en su almohada, inhalando su aroma. El mejor maldito olor del mundo. Keny. La extraño. Apenas han pasado un par de horas desde que se fue y ya no soporto cuánto la e

