Claire Aterrizo en Nueva York al final de la tarde, después de un vuelo largo pero sin incidentes. Ni siquiera tengo que molestarme en tomar un taxi o el tren, porque el maldito de Javier tiene a un chófer esperándome con un estúpido cartel que dice: «Claire Bear Sullivan». Imbécil. Javier, no el chófer. Durante el trayecto hacia la ciudad —en un vehículo tan cómodo y lujoso que quizá llamar imbécil a Javier fue un poco exagerado—, le envío un mensaje a Kyle para avisarle que ya he aterrizado. Responde casi al instante y, por alguna razón inexplicable, eso me provoca un ligero cosquilleo de mariposas. Estoy segura de que es solo porque hace mucho tiempo que no nos vemos. Anoche me envió un mensaje que decía: «Ponte algo cómodo». Así que eso hice. Llevo mi camiseta verde de un pepini

