Javier Dormí quizá media hora cuando mi teléfono empieza a sonar en la mesita de noche, justo detrás de mi cabeza. A regañadientes, me separo de una Keny hermosa y profundamente dormida y me deslizo hasta la sala. Paso el dedo por la pantalla para contestar la llamada. —¿Qué pasa, Luke? —Ah, por fin. El hombre en persona —la voz enigmática de Luke llena el teléfono. —Deja la mierda, hombre. Te envié el código la otra noche. ¿No me digas que ya lo revisaste? —pregunto, sentándome en una de las grandes sillas frente a los ventanales y la vista. —Oh, pero claro que sí, amigo, claro que sí, y se ve jodidamente bien. Sonrío al oír eso. Sabía que estaba bien, pero que Luke lo confirme lo hace aún mejor. —¿Cómo demonios se te ocurrió esto? Va a ser brutal y va a generar muchísimo revuelo,

