Keny El aire suave de octubre fuera del casino es como un bálsamo para mi piel recalentada y mi mente confusa. Javier sostiene mi mano, balanceándola un poco entre los dos mientras caminamos por el Strip. Imagino que hacemos una pareja bastante peculiar. Él es tan alto y yo soy tan baja en comparación. —¿Qué se te antoja comer? —pregunta con su habitual naturalidad, como si no hubiera tenido algún tipo de episodio psicótico menor hace un momento. ¿Por qué tiene que ser tan maravilloso? No es que esté buscando juicio ni nada parecido, pero logra que parezca tan… normal, cuando yo me siento cualquier cosa menos eso. Lo pienso un momento. —Quiero un buffet al estilo Vegas. Él se gira para mirarme. —Ya sabes, de esos que tienen de todo: desde caviar hasta rollitos primavera y desayuno.

