Rina Mi cabeza da vueltas mientras entro tambaleante en The Hill, el bar de siempre donde mis amigos y yo nos reunimos, que por casualidad queda justo frente al hospital donde Melanie y yo trabajamos. Estoy hecha un desastre, y no solo por el martini que me bebí a toda prisa. Durante todo el viaje en Uber, ideé un plan, porque eso es lo que hago. Planifico. Porque cuando planificas, rara vez te sorprenden. Como me pasó esta noche. Eso no puede volver a suceder. Parte de mí siente la tentación de llamar al señor Bishop para averiguar exactamente qué quiere. Pero no quiero escuchar su voz —tan similar a la de Harrison— solo pensar en ello revuelve mi estómago. No quiero hablar de su hijo, ni de esa noche, ni de los seis meses que la precedieron. No quiero pensar en todas las cosas que

