Keny Un gemido se escapa de la garganta de Javier, y es, muy posiblemente, el mejor sonido que he escuchado en mi vida. Sus labios presionan con más fuerza contra los míos, moviéndose de una manera que siento hasta la punta de los pies. Mis manos se deslizan por sus brazos musculosos, saboreando la sensación, hasta llegar a su cabello. Algo se enciende en él, porque de pronto nuestro ritmo lento y perezoso se vuelve apasionado, ansioso por más. Abre mi boca con la suya y, cuando nuestras lenguas se encuentran, gime contra mí. Dios, podría vivir solo de ese sonido. Una de sus manos está en la parte baja de mi espalda, empujándome más contra él; la otra se desliza bajo mi cuerpo, baja por mi trenza hasta encontrar el elástico. Lo retira de mi cabello y va deshaciendo la trenza poco a poc

