Kyle Dos meses después —Kyle, tengo a un tal Franco Rovelo en la línea para ti —dice mi asistente, Nancy, con un tono ligeramente aprensivo. En los años que Nancy lleva trabajando para esta firma, dudo que alguna vez le haya desagradado tanto interactuar con un cliente como con Franco Rovelo. No puedo decir que la culpe. —Gracias. Pásame la llamada, por favor. Esto no puede ser bueno. —Señor Rovelo —digo, enderezándome en mi silla y sacando un bloc y un bolígrafo en caso de que necesite tomar notas. No he hablado con él desde su absolución hace más de dos meses—. Es un placer saludarlo. Espero que se encuentre bien. —Señor Granco —dice con ese denso barítono envuelto en un acento italiano—. Yo estoy bastante bien, pero, por desgracia, mi pobre hermano no. —Lamento oír eso. ¿Qué pued

