A lo largo de aquellas noches, mientras redactaba una lista de lo que contenía la casa, Emily había empezado a comprender lo que su padre había visto en aquel extraño pasatiempo. La historia de las piezas, las historias que llevaban consigo, todo aquello empezó a resultarle fascinante. La dicha de descubrir una antigüedad entre la morralla era un entusiasmo que nunca antes había experimentado. Aunque aquello no quería decir que no se hubiese llevado también algunas decepciones por el camino. Una antigua arpa griega que Daniel había descubierto en el salón de baile y que Emily había estimado que debía valer unos treinta mil dólares había estado por desgracia en tal mal estado que el especialista en arpas le había dicho que nunca podría volver a t*****e, aunque sí le había dado a Emily el t

