Dándole las últimas terminaciones al mueble cocina en el cual había estado trabajando, la mirada de Santos viajaba entre lo que estaban haciendo sus manos, y luego hacia el omega sentado en el viejo sofá, vestido solamente con su camiseta y un bóxer mientras pintaba concentradamente las uñas de sus pies con la pintura que Tezza les había llevado el día anterior. Afortunadamente, Tristán había caído como plomo luego de aquella mamada que le había hecho durmiendo de recorrido hasta que el sol dio sus primeros indicios de salir, y sorprendentemente, él había ido a la par con el lobo omega. Tan pronto como habían despertado, el lobo alfa había esperado encontrar algo de tensión o incomodes entre ellos por lo que había ocurrido, pero todo se sentía normal, igual que siempre e incluso, mejor s

