Con la primera acusación, Tristán sintió inmediatamente como el cuerpo de su pareja se tensaba entre sus brazos, y su mirada, al igual que la mayoría que estaba ahí, cayó sobre Belmont quien se empujaba entre la pequeña multitud para llegar al frente. Con su rostro mostrando puro desagrado y sus emociones siendo tan malvadas como siempre, el lobo omega no pudo evitar torcer sus labios ante la presencia maligna que representaba el beta. —¡Les dije que esto tarde o temprano ocurriría! —exclamó el hombre, observando a todos—. Les dije que cuando menos se lo esperaran, este monstruo comenzaría a matar a los miembros de nuestra manada, ¡se los advertí! —dijo señalando a Santos. —¿Monstruo? —repitió Tristán, observándole con disgusto—. Tú ni siquiera deberías de estar hablando si no sabes lo

