Besando ansiosamente los labios de Santos, succionando su lengua mientras movía sus caderas de adelante hacia atrás para restregarse contra su alfa, pronto, Tristán comenzó a sentir que sus esfuerzos comenzaban a dar sus frutos. Mientras más besaba al alfa, este más se removía, intentando seguirle el ritmo de su traviesa lengua. Y cuando esas grandes manos se deslizaron por su cintura para aferrarse a cada glúteo de su trasero en un firme agarre, el lobo omega gimoteó en la boca de su pareja. Esa fue la oportunidad que Santos había estado esperando para tomar el control de su beso, devorándolo tanto como a él le gustaba, marcándolo, reclamándolo. Y cuando el aliento comenzó a faltar a sus pulmones, Tristán se removió, su mano golpeando suavemente el pecho de Santos, pidiéndole un peque

