Por Evelyn Los días corrían, para mí no tenían diferencia entre sí. Sólo que me acostumbre a no derramar lágrimas. Por fin las puedo contener, al menos cuando estoy en público. Ciro cenaba algunas veces en casa, nunca hizo ni un sólo comentario sobre Benicio. Se lo agradecía. Se había hecho tarde en la perfumería y aunque era sábado, decidieron cenar en casa y salir después. Mis padres se acostaron temprano y yo me estaba yendo a dormir. -¿No salís? Me preguntó Ciro. -No... estoy cansada. Parecía asombrado. -El otro día pasó Fernanda por el local, podés llamarla. Dijo mi hermana. -Hace más de un año que no la veo, ni siquiera me cruzo con Soledad y eso que vive cerca. -Llamalas, te va a hacer bien salir. -No tengo ganas. Con mi mirada, le suplicaba a Jacky que no diga nada

