➳Aurora.
Otra vez para en la misma calle de anoche. Me quedo en el sillón del copiloto, con el estómago hecho trizas. No quiero que pase lo de ayer. No después de lo que me hizo.
—Víctor… por favor, llévame a mi casa… —digo suplicándole, con la voz temblorosa.
—Aurora… yo no quiero hacerte daño, nunca ha sido mi intención… —me dice muy calmado, como si fuera otro. Su voz es suave, casi dulce. Pero de pronto me grita como loco, golpeando el volante—: ¡Pero tienes la habilidad de sacarme de quicio! ¡No sabes cómo odio que seas así!
Me quedo pensando unos segundos. Limpio mis lágrimas con el dorso de la mano y, por primera vez, cuestiono lo que él hace conmigo.
—¿Perdón? ¿Yo te hago hacer todo esto? —le enseño mi nariz y la toalla llena de sangre. La tela blanca está manchada de rojo oscuro, húmeda todavía.
Me mira confundido. De pronto se pone a llorar. Me descoloca su actuar. ¿Me siento… culpable?
—Perdón, perdón —me dice entre sollozos, encogiéndose en el asiento—. Tú eres tan buena… Es que entiende, Aurora, yo soy una basura. Tú eres una mujer estudiosa e inteligente, trabajas, cuidas a tu abuela. Me siento tan inseguro que pienso que un día me vas a dejar por otro.
Tapa su rostro con sus manos mientras llora. Nunca lo había visto de esa manera. Me descoloca sobremanera. En serio no sé quién es este hombre que tengo frente a mí.
—Víctor… cálmate, amor. Perdón, no quiero que te sientas así. Yo te amo, de verdad que sí. Por favor, tranquilo —le acaricio la espalda, aunque mis manos tiemblan.
Me abraza mientras trato de tranquilizarlo. Parece un niño pequeño que necesita el amor y la comprensión de alguien.
—Está bien, está bien… —limpia sus ojos y se calma. Respira hondo—. Vamos a olvidar esto, sí. Estemos bien.
—No puedo dejar de trabajar, necesito el dinero. Ya falta muy poco para terminar con la deuda —insisto con lo mismo. Mi abuela y sus medicinas. No puedo fallarles.
—Lo sé. Está bien, bonita, pero con una condición —agarra mi cabello y lo pone tras mi oreja, con un gesto que antes me parecía tierno. Ahora me da escalofríos.
Me quedo a la expectativa de lo que me pedirá.
—¿Qué?
—No quiero que atiendas más a ese riquillo que va todos los días —su voz se vuelve hielo.
Me quedo helada ante su comentario. ¿Cómo sabe eso? ¿Cómo?
—¿De qué hablas?... No —quiero defenderme, pero me interrumpe de inmediato.
—No te atrevas a mentirme, amorcito, por favor —me señala con su dedo, tocando mi nariz lastimada. El dolor me hace cerrar los ojos.
Lo miro. Tiene odio en la mirada. Así que me quedo callada.
Estoy nerviosa, como si me estuviera cachando en una relación clandestina con el chico lindo. Pero no hay nada. Solo sonrisas amables, propinas. Nada más.
De los nervios que me dan, me regresa ese tic en la mano. La agarro con fuerza. Una desesperación empieza a surgir en mis adentros.
—Eh… ¿será que tienes mi teléfono? Lo ocupo para saber de mi abuelita mientras trabajo —intento sonar normal.
Se incorpora, saca de la guantera mi celular y me lo entrega.
—Aquí lo tienes, preciosa —lo extiende para que lo tome. Trato de agarrarlo y al instante me lo quita, sonriendo—. Ya lo vinculé al mío, así que ni se te ocurra hacer nada estúpido, mi amor.
—¿Por qué?... —pregunto totalmente desconcertada. El corazón me late en la garganta.
—¿Quieres o no solucionar las cosas? —asiento con la cabeza, muerta de miedo, y prosigue—: Bien, entonces haz lo que te digo.
¿Eso no es invadir la privacidad?
Pero acepto. Solo quiero estar bien. Ya no pelear.
Arranca el auto para llevarme a mi casa.
Cuando llego, entro a escondidas para ir a cambiarme a mi cuarto. Así mi abuelita no se preocupará si me ve con la ropa llena de sangre.
Ya que me cambio, llego con ella y, una vez más, empieza a decirme cosas sobre Víctor. No entiendo por qué mi abuela no lo quiere. “Ese muchacho tiene ojos de perro rabioso, mija”, me dice siempre.
✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨
Gracias al cielo, en los últimos días no regresó el chico lindo. Me sentía más relajada. Bueno, solo un poco, ya que me seguía cuestionando: ¿cómo es que Víctor sabía ciertas cosas?
Yo jamás lo vi por el restaurante. ¿Cómo es que sabe eso?... En fin.
Hoy, al salir del trabajo, me llevará a una fiesta. Así que me arreglé bonita para que me vea y se sienta orgulloso de la novia que tiene.
Así dejará de andar con sus celos. ¿Por qué no entiende que solo lo amo a él?
Termino de trabajar y salgo de prisa, ya que me espera mi novio. Llego al auto y hoy no se ve molesto. Al contrario, se ve tan lindo. Me saluda con ternura. Así es como lo quiero: siempre atento a mí.
Llegamos a la fiesta donde hay muchos amigos de Víctor. Casi no salgo con él a las fiestas de sus amigos, así que hoy me puse un lindo vestido, el favorito de él, para que vean qué novia trae. La música está a todo volumen, huele a cerveza y a cigarro.
Solo que no dura mucho lo bueno de este momento, ya que comienza a beber de más. Y sé que no controla la bebida.
Sus amigos empiezan a retarlo a beber. Me siento intranquila de pronto. Las risas son muy fuertes, muy falsas.
Después de un rato, Víctor me toma de la mano y me guía a la parte de arriba de la casa. Vamos esquivando a todos los que nos topamos a nuestro paso. Las escaleras crujen.
Llegamos a la parte de arriba, donde ya hay dos chicos ahí. Me deja a un lado y comienza a hablar con ellos algo que no escucho. Me siento extraña. Un presentimiento invade mi ser de pronto. Frío.
Terminan de hablar y entramos a la habitación, pero lo más extraño es que no lo hacemos solo él y yo, sino los otros dos.
—¿Estás seguro de esto, Víctor? Ya sabes que no me gustan tus jugarretas —le advierte uno de ellos, el más desagradable. Tiene aliento a alcohol y los dientes amarillos.
—Muy seguro —contesta Víctor, sin verme.
No entiendo nada. Los miro a los tres cómo hablan. Cruzo mis brazos y surgen dentro de mí unas ganas inmensas de salir de aquí. El cuarto huele a humedad y a algo rancio.
—Víctor, quiero irme —le digo un poco temerosa.
Voltea a mirarme. Veo dibujada una sonrisa macabra en su rostro. Veo a los otros dos. En especial uno de ellos, me ve de manera lasciva, sucia. Me arrepiento totalmente de traer vestido. Acomodo mi suéter porque no quiero que me vea nada.
—Tendrás que esperar un poco, preciosa. Todavía falta mucho para que te vayas —me dice el tipo que no deja de verme con su mirada morbosa. Se lame los labios.
Me hago para atrás, ya que intenta tocar mi cabello.
De pronto, Víctor camina a la salida. Pienso, inocentemente, que me llevará con él. Pero no lo hace. Sale y cierra la puerta por fuera. El click de la cerradura me da un dolor en el estómago. Me quedo pasmada viendo la puerta por donde acaba de salir mi novio.
No me queda de otra que tratar de abrirla. Trato inútilmente de hacerlo. La perilla no gira. Así que golpeo la puerta para que alguien me escuche. Grito al mismo tiempo el nombre de mi novio.
Si esto es broma, no me gusta nada.
—¡Víctor, Víctor, ya deja de jugar, sácame de aquí! —grito como loca mientras sigo golpeando la puerta con los puños. Me duelen los nudillos.
El tipo cerdo se acerca a mí, tocando mi espalda. Volteo con mucho miedo y me alejo de él. Solo veo su rostro asqueroso con esa mirada sucia.
El otro está parado, solo mirando. No hace nada. Solo está ahí, estático, recargado en la pared.
—¿Así te gusta, mamacita? —me dice el tipo con una sonrisa horrible en su rostro.
—¡No te acerques a mí! ¡Esto es broma o qué? ¡No me gusta, déjenme salir! —grito desesperada mientras el miedo me está carcomiendo la vida.
—Es un juego que te gusta, ¿no, mi amor? —el tipo insiste en acercarse a mí. Huele a sudor y a cerveza barata.
—¡Que no me toques! ¡Víctor, ayuda, ayuda! —grito tan fuerte que me raspó la garganta. Me suelto a llorar porque el miedo a que estos tipos me toquen me está perturbando mucho.
—Eso, así… haz eso. No sabes cómo me excita que hagas eso —me dice de la manera más nauseabunda posible.
—¡NO TE ACERQUES! ¡ALÉJATE DE MÍ! —le grito como desesperada.
A cada paso que doy para retroceder, el tipo se acerca más y más a mí. De pronto se termina el espacio para seguir huyendo de él. La pared está fría contra mi espalda. Él está tocándose mientras me mira. Me da asco. Y miedo.
¿Por qué Víctor hizo esto?
—Ven, mamacita, anda, ven —intenta tocarme, pero me alejo de él, pegándome más a la pared.
—¡NO, NO ME TOQUES, NO TE ACERQUES A MÍ! ¡LÁRGATE, LÁRGATE, CERDO ASQUEROSO! ¡AUXILIO, AUXILIO, AYUDA, AYUDA!
Mis gritos son en vano. Nadie me escucha, ya que lo único que logro escuchar es la música a todo volumen retumbando en el piso de abajo. El otro chico camina a donde estoy, igual que el otro.
Me gana la desesperación por ver que los dos están a nada de acercarse a mí, que comienzo a arrojar todo lo que encuentro a mi paso: un cenicero, una botella, un control. Los dos esquivan lo que sea que les aviento. De pronto me veo en una habitación huyendo de dos tipos que tienen todas las intenciones de hacerme daño.
El tipo más cerdo logra agarrarme. Me toma de la cintura y me quiere llevar a la cama. Trato de defenderme. Grito, pataleo, trato de liberarme. En el intento de zafarme de su agarre, se desabrocha mi suéter.
—¡NO, NO, POR FAVOR, NO ME TOQUES, NO ME TOQUES! ¡DÉJAME, DÉJAME, NO ME TOQUES, NO, POR FAVOR!
Sigo forcejeando con el fulano hasta que llegamos a la cama. Es tan fuerte que no logro con nada defenderme. Me avienta a la misma. En cuanto caigo ahí, corro hasta la esquina, pegándome a la cabecera. Se ríe como loco y me jala de los pies. Pataleo, grito y trato por todos los medios de defenderme. Logro patearle la cara y se enfurece.
—¡Ah… maldita perra! ¡Mira lo que me hiciste! ¡Esto te saldrá caro, zorra infeliz! —se toca la nariz sangrando.
Huyo una vez más de él, pero alcanza mi cintura y me jala. Intenta tocarme, pero lo rasguño con todas mis fuerzas. Le clavo las uñas en el brazo.
Le duele, porque grita. De pronto me voltea una cachetada que me deja viendo estrellas. El otro está como espectador a todo lo que está sucediendo.Como si no supiera qué hacer
—¡VÍCTOR, VÍCTOR, AYÚDAME, AUXILIO! —grito a mi novio. Su broma está excediendo los límites.
Pero de pronto el tipo ese suelta una carcajada como loco.
—Le grita a su novio, la muy estúpida. Ja, ja, ja. ¿No te das cuenta, verdad, mamacita? Que tu novio te vendió a nosotros —escupe las palabras con veneno.
Me quedo helada por lo que escuchó. Eso no puede ser. Víctor no puede hacerme esto. No puede ser verdad, ya que él siempre me dice que no vea a nadie. ¿Cómo me va a hacer algo así?
¿Cómo va a venderme?
Este tipo está mintiendo. Es una locura.
Víctor es incapaz de hacer eso… ¿verdad?