EZRA Tan pronto como llego a casa encuentro a mi padre en un estado tal de agitación que debo esperar un momento en la puerta hasta que se calme lo suficiente para poder entrar, y tan pronto como lo hago, él se acerca a mí y con una mirada casi maniática empieza a hacerme toda clase de preguntas, algunas de las cuales no tienen mucho sentido. “¿Quiénes estaban allí?” “¿Con quién hablaste?” “¿Alguien te reconoció?” “¿Te mencionaron a los Pemberton?” “¿Los Pemberton te vieron?” “Creo que lo mejor es que termines esta tarea ya, no es necesario que vuelvas a ver a la chica, ya tengo la información que necesitaba, de hecho, no vuelvas a ese lugar nunca más,” él finaliza diciendo y yo lo miro sorprendido. “¿Qué? ¿A qué te refieres?” le pregunto. “Sólo obed

