CAPÍTULO CUATRO

1302 Words
ABIGAIL   Es curioso como puedes pasar meses o años conviviendo en el mismo espacio con muchas personas, pero nunca te fijas realmente en ellas hasta que algo sucede y sus vidas se entrecruzan, después de esto, es como si los vieras en todas partes, casi como si estuvieran destinados a encontrarse en los rincones más recónditos de la memoria, y luego simplemente no recuerdas cómo era la vida antes de fijar la existencia de esa persona en la tuya.   Y eso es justamente lo que me está pasando con él, pues a pesar de que Ezra lleva ya un semestre en la universidad, no recuerdo haberlo visto antes de conocerlo en la reunión del consejo, pero después de ello, es como si nos estuviésemos buscando el uno al otro, porque lo encuentro en los momentos más inesperados, al salir de clase, al llegar al campus, cuando voy a una de las muchas cafeterías que hay dentro del campus, siempre él parece estar allí o llegar unos momentos después de mí, casi como si yo misma lo hubiese llamado.   Se ha vuelto tan común en las últimas dos semanas, que ya casi pareciera como una rutina que llevo practicando por años, y ahora su presencia se ha quedado tan impregnada en mí, que se ha convertido en uno de mis hábitos el llegar a un sitio y barrerlo con la mirada para verificar si él está o no, pero lo más curioso de todo, es que en los últimos días casi puedo sentir la decepción creciendo en mí cuando llego a un lugar y él no está allí, y después de regañarme a mí misma por mi estupidez, paso el resto del tiempo mirando hacia las entradas del lugar en el que esté, casi como si estuviera esperando verlo entrar en cualquier momento.   Él no ha vuelto a intentar acercarse a mí desde que el día después de conocernos en la reunión del consejo, él me escribió para preguntarme cuándo nos podíamos ver y así yo pudiera explicarle cómo funciona el tema de las tutorías, pero yo en vez de aceptar su propuesta le envié un enlace a la página web de la universidad en dónde se encuentra toda la información y le dije que me escribiera si tenía preguntas al respecto.   Pero nunca me escribió.   Así que después de su falta de respuesta a mi mensaje, me quedé con la incertidumbre por no saber si él realmente había entendido todo y por lo tanto no tenía preguntas para mí, o si le había molestado de alguna forma mi respuesta, pues sé que las personas a veces se molestan con mi forma de ser, dicen que soy muy directa y fría, por lo que muchas veces malinterpretan ello como una ofensa, o como mi renuencia a ayudarles.   No obstante, cuando intenté buscarlo para acercarme a él y explicarle que no estaba siendo grosera, sino por el contrario, todo lo que quería hacer era darle más herramientas para que entendiera su nuevo rol de tutor, no pude hacerlo porque cada vez lo veía con una chica diferente, o rodeado de un par de chicos de aspecto peligroso y él, aunque era consciente de mi presencia, simplemente no me saludaba, ni siquiera me miraba, así que opté por asumir que mi respuesta efectivamente lo había molestado y en consecuencia yo también me molesté.   Nuestros encuentros fortuitos en los que simplemente lo veía al otro lado de la habitación, pasaron a ser más cercanos cuando recibí una nueva petición por la universidad para darle tutorías a un estudiante que no había podido aprobar su curso de Química I por tercera vez, y cuando llegué a la biblioteca, me encontré con que Ezra ya estaba allí, dándole tutoría en cálculo a una chica de primer año que parecía más enfocada en él que en lo que él le estaba tratando de explicar, y fue aún peor cuando el estudiante al que yo iba a darle la tutoría me pidió que nos sentáramos en la mesa contigua a ellos, pues quería estar pendiente de su hermana menor, ya que, como él mismo dijo:   “No confío en ese idiota, parece que tuviera la palabra ‘problemas’ tatuada en la frente,”   Así que nos sentamos en la mesa contigua y empiezo mi lección, el chico, llamado Alec, parece bastante amable y es claro que está dispuesto a aprender, no como algunos otros que he tenido antes y que solo vienen para divertirse con el hecho de que si se acercan demasiado, mi guardaespaldas viene a mirarlos con molestia, y algunos incluso parecieran querer entretenimiento gratuito a mi costa, no obstante, Alec sí parece genuinamente interesado en lo que le estoy diciendo y constantemente me hace preguntas, por lo que a mitad de la sección logro relajarme visiblemente, al confirmar que él no es uno de esos idiotas.   “¿Cómo es que has reprobado este curso dos veces si entiendes tan rápido?” le pregunto con curiosidad.   “Bueno, es que mi profesor no explica tan bien como tú, entonces es difícil entenderle y más cuando la química no es mi fuerte,” él me responde con media sonrisa y yo le devuelvo la sonrisa.   “Me alegra que estés entendiendo, y ahora que ya estás aprendiendo los básicos puedes entenderle mejor a tu profesor,” le digo.   “Ojalá tú fueras mi profesora, te aseguro que todos aprobarían el curso,” él me responde y yo siento que el rubor empieza a hacerse visible en mis mejillas.   “Lo que quiere decir Alec, es que desearía que fueras su novia,” la chica que está sentada con Ezra intercede con un tono malicioso y Alec la fulmina con la mirada.   “Cállate, Violet,” él espeta con molestia, pero noto que sus orejas se pusieron rojas.   “¿Seguimos con lo nuestro?” la chica le dice a Ezra, quién tiene su mirada puesta en Alec.   Al finalizar la hora de la tutoría, nos ponemos de pie y empezamos a caminar hacia la salida de la biblioteca, justo detrás de Ezra y la hermana menor de Alec, quien parece estarle diciendo algo a Ezra, pero éste no le responde.   “Abigail… lo siento, señorita Smith,” Alec empieza a decirme y de nuevo sus orejas se ponen de color carmesí.   “Puedes llamarme Abigail,” le digo y él sonríe.   “Abigail, uno de mis amigos hará una fiesta en su fraternidad para celebrar su cumpleaños y me preguntaba si querías venir,” él me dice y yo me detengo de repente, pues es la primera vez que alguien me invita a una fiesta desde que empecé la universidad.   “¡Me encantaría!” exclamo casi de inmediato y siento las miradas de Ezra, Violet y Al, mi guardaespaldas, puestas en mí.   “Quiero decir, me encantaría ir, pero primero debo confirmar que no tenga otro compromiso para ese día,” le digo y él asiente, complacido con mi respuesta.   “Ya tienes mi número, entonces apenas sepas me escribes o me llamas, no importa la hora y si quieres puedo pasar por ti,” él se ofrece y mi guardaespaldas se aclara la garganta.   “Claro, yo te estaré informando, pero respecto a pasar por mí no será posible, no tengo permitido ir en autos que no estén autorizados, lo siento,” le respondo, sintiéndome estúpida y pensando que tal vez Alec se va a arrepentir de invitarme, pero él en cambio asiente y me dice con amabilidad.   “Oh, por supuesto, lo entiendo, podemos encontrarnos allí si quieres,”   “Está bien, gracias por invitarme, te escribiré mañana con mi respuesta,” le respondo antes de despedirme de él y noto los ojos de Ezra clavados en mí mientras camino con Al hacia el auto.
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