Volvía sus sentimientos más fuertes. Más reales. Damien empujaba con ritmo firme, profundo. Pantera debajo gemía entre dientes, sus manos sobre los pechos de Alina, presionándolos con fuerza, deleitándose con la piel caliente que tenía permitido tocar por esa noche. Sabía que Damien no permitiría eso si no fuera porque la certeza de que Alina era suya superaba todo. El ritmo se intensificó. Alina gritó. El placer era demasiado. Sus sentidos estallaban, su cuerpo se arqueaba entre ellos, su voz llena de deseo rebotaba contra los espejos. Y su orgasmo estalló. Pantera gimió en su cuello mientras se estremecía dentro del condón. Damien gruñó en su oído, sus embestidas se volvieron erráticas, violentas, hasta que también se corrió dentro de ella, rugiendo su nombre con voz grave, peligrosa

