57| Como si jamás se hubiera detenido-2

1061 Words

Con una suavidad impropia de un hombre como él, lo levantó en brazos. Dante se acomodó instintivamente contra su pecho, su carita enterrada en el cuello de su padre, respirando con tranquilidad. Damien lo sostuvo con fuerza, con esa mezcla extraña de dureza y ternura que solo él sabía manifestar. Alina lo observó desde la puerta. Con las manos dentro de los bolsillos de aquel abrigo largo. Entonces se giró, dando media vuelta hacia el ala opuesta de la mansión. —¿A dónde vas? —preguntó Damien sin necesidad de alzar la voz. Su tono era bajo, firme, como si ya supiera la respuesta. —A mi habitación —respondió ella, sin girarse—. Necesito una ducha. Damien la miró un instante, sus ojos grises la recorrieron de pies a cabeza. —Dúchate en la mía —dijo. No era una invitación. Era una orden

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