El motor del auto rugió suavemente cuando Leonardo le indicó al chófer que los llevara a su casa. Evelyn no dijo nada al principio. Se acomodó en el asiento, cruzando las piernas cubiertas por su abrigo, y fijó la vista en la ventana, donde la ciudad pasaba a toda velocidad, como si también ella huyera de algo… o tal vez de alguien. Leonardo no le dirigió la palabra. Solo la miraba, como si pudiera leer cada uno de sus silencios, como si pudiera descifrar el vaivén de sus pensamientos. Ella lo sintió. Sentía su presencia como una corriente eléctrica a su lado, como si cada latido de su corazón la empujara inevitablemente hacia un recuerdo. Porque estar en ese auto, junto a él, la transportaba al pasado. A esa noche. La noche que lo cambió todo. *** Tenía diecinueve años. Su cabello r

