La mansión de Leonardo Moretti se alzaba sobre una colina discreta en las afueras de Manhattan, envuelta por árboles altos que ocultaban su presencia del mundo exterior. Desde el portón n***o con acabados dorados hasta el mármol impecable del vestíbulo, todo en esa casa gritaba poder, lujo y misterio. Era un lugar simplemente impresionante. Un lugar que pertenecía al segundo al mando de la mafia Brown. Apenas el auto se detuvo frente a la entrada principal, un mayordomo abrió la puerta sin necesidad de instrucciones. Evelyn bajó lentamente, envuelta en su abrigo y en la niebla densa de recuerdos, mientras Leonardo la guiaba con una mano firme en la espalda, hasta que entraron. La puerta se cerró a sus espaldas, y con ese gesto, Evelyn sintió que volvía a cruzar un umbral del que quizá es

