Evelyn alzó la vista. No pareció sorprendida de verlo. Conociendo su cercanía con Alina y el mundo en que se movían ambos, su presencia no le parecía ilógica. —Damien —susurró, con la voz ronca. Él se colocó junto a ella. Conocía a Evelyn desde hacia 10 años, él mejor que nadie sabía cuál era la relación que mantenía con Leonardo y con confianza le preguntó que hacía ahí. Evelyn, sin entrar en detalles le dijo que estaba ahí por su hija, pero que Alina ya la había atendido. —Alina es la mejor en lo que hace —dijo él, mirando al frente—. Tu hija está en buenas manos. Ella va a estar bien —declaró con un tono inusualmente más suave. Evelyn asintió, con los ojos húmedos, presionando los labios para contener un nuevo temblor. Pero ahora, algo en su rostro había cambiado. Seguía angustiada

