Así eran ellos. Los Donovan no tenían que hablar de lo ocurrido, como los caballeros que también eran, no hablaban de sus encuentros sexuales. Los vivían, los disfrutaban y cuando terminaban, seguían con la rutina de sus vidas. —Tenemos algo nuevo del político —comentó Keegan, rompiendo el silencio—. Su deuda con la mafia Brown ahora es mucho más cara. —Ese maldito se arrastrará cuando Leonardo lo tenga en frente —agregó Cathal, dando un trago. —Sus días están contados —aseguró Brennan. Los tres bebieron, y por un instante, el ambiente se tornó más relajado. Complicidad. Esa que sólo los Donovan podían entender. —Además, tenemos que encontrarlo cuanto antes, puesto que Damien ya le pidió matrimonio a Alina —musitó Keegan. Brennan sonrió ladeado. —Ya es oficial, la Donovan menor se

