Selene apretó los labios. Odiaba sentirse débil. Pero no había nada que pudiera hacer de momento. Damien se giró hacia Leonardo. —Ayúdalo a caminar. No quiero verlo desmayado a mitad del camino. Leonardo asintió sin dudar, ya acercándose al pelirrojo herido con movimientos rápidos y eficientes. —¿Y ella? —preguntó Cathal sin rodeos, señalando a Selene con la cabeza. —Llévala tú. Cárgala, tardaremos más si va caminando con el tobillo lastimado. Damien fue tajante. La castaña no era de confianza todavía, sin embargo, aún no podía hacerse un juicio sobre Selene, lo único que sabía hasta el momento era que Keegan la había tomado como rehén. Pero al verlo muy cómodo tomándola por la cintura, asumió que no era peligrosa. Así que mientras no tuviera la información necesaria sobre ella y O’C

