Erika leyó el mensaje una vez. Luego otra. Se quedó inmóvil en el pasillo, el murmullo de voces y el pitido de los monitores alrededor parecían un eco lejano. Luciano Blake. El nombre no le sonaba cercano, pero el título era claro. ¿Por qué el mismísimo CEO insistiría en verla? Resopló, guardando el teléfono de nuevo en el bolsillo. Pensando que los ricos eran demasiado extraños. La respuesta seguía siendo la misma. Por mucho que llamaran, insistieran o intentaran endulzar la propuesta, ella no quería perder su tiempo libre siendo la cara de una revista. Cuando llegó la hora de tomar un pequeño descanso, Erika acomodó su cabello frente al espejo del área exclusiva para médicos, recogiendo un mechón rebelde que se había soltado de su coleta baja. La luz blanca iluminaba sus rasgos ca

