Una llamada llegó a media tarde, mientras Dante y Gabriella estaban sentados en la pequeña mesa de la oficina, rodeados de hojas y plumones. Damien hojeaba papeles importantes del hotel, mientras Leonardo respondía correos en su celular. El timbre del teléfono rompió el silencio tranquilo del Diamante. Leonardo contestó con su voz áspera. —¿Qué pasa? —preguntó al responder al contacto que hace poco había agregado. —Necesito verte —respondió Abraham, el hermano de Evelyn—. Es importante —agregó con su voz seria. Leonardo soltó un suspiro breve, intercambiando una mirada rápida con Damien. Frunciendo el ceño ante las palabras de su cuñado, porque sí él quería verlo seguro era para algo que tenía que ver con Santos Montgomery. —Estoy en el Diamante —dijo sin rodeos—. Te veo aquí, la rec

