El vaso de whisky se balanceaba en la mano de Damien mientras sus ojos grises no se apartaban de Alina. Era imposible no mirarla cuando irradiaba un magnetismo que lo jodía entero. La ropa que había elegido se ceñía a su cuerpo como si hubiera nacido para tentarlo, y el cabello largo caía en ondas rojizas por su espalda. No necesitaba hacer nada más que estar de pie para robarse toda su atención. Damien bebió un sorbo lento, permitiendo que el alcohol quemara su garganta mientras observaba el fuego arder en la mirada de Alina. Ella pretendía ignorarlo, fingía que su presencia no le afectaba, pero Damien no era un imbécil. Sabía que lo sentía, sabía que por el cuerpo de Alina brotaba el mismo calor que en el suyo. Ese tirón inexplicable. Esa maldita necesidad de acercarse aunqu

