Los labios de Damien capturaron los suyos con esa firmeza calculada, como si midiera hasta dónde podía llegar sin devorarla por completo. Porque si algo había aprendido de Damien era que él jamás pedía, él solo tomaba. Alina suspiró contra su boca, su cuerpo respondiendo al beso antes de que su mente pudiera decidir si lo aceptaba o no. Era inevitable. Como si sus labios estuvieran hechos para encajar en los suyos, como si su piel entendiera que solo con él podía arder de esa forma. Cuando Damien se separó, sus ojos oscuros la observaron con intensidad antes de murmurar: —Te pregunté si me extrañaste —dijo con su voz ronca, Alina aún tenía el ligero sabor a menta en su lengua. Ella parpadeó, sintiendo el retumbe de su voz contra su piel, se tomó un par de segundos antes de hablar. —Dan

