Keegan se encogió de hombros, tranquilo. —No hay prisa —soltó altivo. Keegan jamás había sido celoso, menos con sus hermanos. Era un hombre que sabía esperar y en aquella extraña conexión que tenían los trillizos, sabía que siempre había una primera vez para cada uno. Brennan bebió un trago de su cerveza, sin apartar la vista de la pista de baile. Los ojos oscuros de Erika estaban cerrados, entregados al beso. La forma en que su cuerpo se pegaba al de Cathal, la manera en que su mano apretaba su camisa, como si no quisiera que él se separara… Brennan sonrió, porque esa noche se estaba poniendo interesante. . El beso se rompió. Erika tomó aire con su pulso acelerado. Cathal la observó con ojos ardientes. —Bailas bien —dijo el mafioso. —Tú también —murmuró ella, con una sonrisa l

