Frente a ella, el imponente edificio donde vivían Cathal y Brennan. —Bienvenida —murmuró Keegan, abriendo la puerta para ella. Erika exhaló, aún con el pulso acelerado. Fuera lo que fuera a pasar esa noche… Definitivamente no sería aburrido. El pent-house era exactamente como Erika lo había imaginado. Elegante, amplio, con un toque varonil y minimalista que gritaba lujo y peligro al mismo tiempo. Pero lo que realmente hacía que su piel se erizara no era la decoración, sino la presencia de los tres hombres que la acompañaban. Keegan la guio al interior con su usual calma imperturbable, mientras Cathal se desplomaba en el sofá con una sonrisa de suficiencia. Brennan, más callado, se dirigió a la cocina sin decir una palabra. Para traer las cervezas frías. Erika se quedó de pie por un

